CALLEN, LES PIDO.
Ayer me dijeron:
- Eres de mentira.
- ¿De mentira yo?
Y se fue.
Uno nunca imagina lo que puede llegar a encontrar en la calle. Locos, chicles, farolas, vagabundos, basura, macetas con plantas secuestradas de la naturaleza que las parió... En fin, multitud de especímenes discretos a la vista de cualquiera.
Al cabo de un rato me pedí una caña.
- Oiga - se lo tuve que decir en un tono un poco violento- ¿¿Quiere hacer el favor de ponerme una CER- VE- ZA??
...
Sólo me faltaba que en un día como este me faltaran al respeto. ¡Menudo sin vergüenza!
- ¡Pssst!, ¡Pssst! - ya estaba alterado- O me pone una CAÑA o me pone una hojita de reclamaciones al servicio del consumidor ¡y con tapita, que tengo hambre!
Ni caso.
Vacío.
Miradas esquivas que me decían que no era bien recibido en ese asqueroso bar.
Volví a la amalgama de vidas, cosas y movimientos. Y otra vez la acera, los bancos, el chucho que mea y el viejo que cojea.
Miré hacia atrás y vi lo mismo.
Cuando alcé la vista ya no quedaba nada. Cerré los ojos.
Hoy los he vuelto a abrir.
Sí. Soy valiente. Lo sé. Esto no lo hubiera hecho cualquiera.
Y aquí estoy.
El espeluznante acontecimiento:
Han pasado aproximadamente 24 horas. Mi cuerpo, que ya no es carne, está en boca de todos. Por momentos estoy tranquilo y escribo esto. Pero continuamente, casi sin cesar, una llamada me evoca a bailar en el aire.
Verdades paralíticas con los miembros cortados, son las culpables de este constante tambaleo por las fauces ajenas.
Callen, les pido.
No digan nada si no tienen nada mejor que decir.
Que tengo sueño y es hora de dormir.
Atentamente,
SER.